La fe podrá mover montañas, pero nada pudo hacer contra el Friburgo. La fiabilidad alemana terminó en poco más de media hora con el sueño de la remontada del Celta y de su afición. La emoción y la esperanza duraron lo que tardó Matanović en fusilar a Radu a la media hora de partido. Con la desventaja de tres goles, el pase a semifinales de Europa League era casi un milagro, pero el equipo de Claudio Giráldez creía que podía hacerlo en Balaídos. Salieron al campo a presentar batalla, a no dar ningún balón por perdido, a respirar en la nuca de cada rival... demostraron una actitud antagónica respecto a la de hace una semana en el Europa-Park Stadion. Con este arreón y con el empuje de la grada, parecía que otro desenlace podría ser posible. Hasta que los goles visitantes devolvieron a los vigueses a la realidad.
El Friburgo supo enfriar los ánimos del Celta y de Balaídos. Aguantó el ritmo de los celestes sin descomponerse ni un ápice. Noah Atubolu, espectador de lujo en el partido de ida, no tuvo que hacer ni una sola parada hasta el final del encuentro, cuando los locales ya caían por tres. Con el paso de los minutos y tras alguna interrupción, los de Julian Schuster se fueron encontrando más cómodos hasta que con un balón largo mal defendido por Javi Rueda —novedad hoy en la defensa junto a Yoel Lago—, el Friburgo enmudeció el estadio. Makengo se coló a la espalda del lateral celeste y cedió de cabeza la pelota a Matanović, que con un extraordinario golpeo a bote pronto anotó un golazo desde fuera del área.
El golpe anestesió a los vigueses. Y la hazaña que tendrían que acometer entró en el terreno de la ciencia ficción minutos después con el segundo tanto del Friburgo. Los alemanes hilaron una rápida jugada en la frontal y Suzuki apareció en segunda línea para definir un pase del incansable Beste desde la línea de fondo.
Un final agridulce
Con todo perdido, al Celta solo le quedaba terminar el partido con la cabeza alta. Giráldez hizo un cuádruple cambio al descanso para que entrasen Aspas, Swedberg, El-Abdellaoui y Carreira. Pero el Friburgo mantuvo su nivel de seriedad y atención, demostrando que es un firme aspirante al título. De hecho, ampliaron su ventaja con otro gol de Suzuki, que marcó a placer tras una gran acción de Manzambi.
El chaparrón de los alemanes llegó a su final con un disparo al palo de Höler. Balaídos quiso volver a rugir. El sueño terminaba, pero necesitó hacer sentir al equipo que haber recorrido este camino había merecido la pena. El Celta encontró la energía suficiente para encontrar al menos un gol. Llegó en el descuento con Swedberg. Antes Atubolu hizo sus dos primeras salvadas ante El-Abdellaoui y Jutglà envió un cabezazo al palo. Sonó el silbato del árbitro. Nadie se había movido del estadio. No hubo remontada. El Friburgo había vuelto a golear. Pero como había dicho Iago Aspas hace casi una década en Manchester, otra vez un grupo de chavales había hecho ilusionarse a toda una afición a la que ya solo le quedaba regalar un último aplauso y esperar que más pronto que tarde estos futbolistas liderados por Claudio Giráldez vuelvan a traerles hasta aquí.