Osasuna es un equipo particular. Siempre lo ha sido. Hubo épocas en las que el cuadro rojillo campaba por Europa con cierta solvencia o incluso pujó por LaLiga sin éxito, mientras que no han sido pocos los descensos a Segunda. Siempre, en mayor o menor medida, la filosofía del conjunto navarro pasó por intensidad en todas sus líneas, juego aéreo y cantera. Precisamente Tajonar es uno de sus fuertes y es el mayor nutriente de Osasuna (también del Athletic Club).
Con la llegada de Alessio Lisci (40 años) a Osasuna, Braulio Vázquez se hacía con uno de los jóvenes técnicos más prometedores de Europa. Dejó un buen trabajo en el descendido Levante UD y casi logra ascender al Mirandés. Su tipo de juego no era el clásico de los rojillos en los últimos años con Vicente Moreno, Jagoba Arrasate o Diego Martínez. Menos aún tenía que ver con el de Joaquín Caparrós o Enrique Martín Monreal. Eso sí, coincide con todos ellos en esa inercia natural de Osasuna de no buscar la posesión de la pelota (44,5% de media) y tratar de buscar cerrar en defensa, centrar al área, buscar el balón parado y amortizar al máximo los goles anotados.
El estilo Lisci busca una presión alta que asfixie a la línea defensiva rival cuando tiene la pelota, buscando el fallo en la salida. La intensidad es su seña de identidad y ahí es donde ha encontrado respuesta en jugadores como Víctor Muñoz, uno de los mejores sub-23 de LaLiga. El atacante rojillo fue un fichaje 'made in Braulio', como también lo han sido tanto Javi Galán como Raúl Moro, llegados en el mercado de enero. Precisamente con ellos ha logrado revitalizar al equipo y apostar todavía más por su estilo de juego rápido y vertical por las bandas.
Los cambios de Lisci
El técnico italiano no se cierra en banda con un planteamiento fijo, más allá de una clara mentalidad ofensiva. Con un enfoque flexible, no tiene problema alguno en apostar por una defensa con dos o tres centrales, doblar lateral en un momento dado y pasar de jugar con dos puntas similares en lugar de una única referencia. Lisci hace y deshace en busca de la mejoría. Su contrato está firmado hasta 2027, pero conociendo a Braulio y si nada se tuerce, tratará de renovarle al poco de arrancar la próxima temporada.
Velocidad por bandas
La velocidad, tanto con pelota como sin ella, está siendo lo más destacado del estilo. Rosier y Galán recorren kilómetros a gran velocidad partido tras partido, sumándose al ataque con enorme facilidad. Por delante de ellos, también desde los extremos destacan el mencionado Víctor Muñoz y el recién llegado Raúl Moro, mientras que otros como Rubén García o Aimar Oroz suplen esa punta de velocidad menor con un manejo de pelota al alcance de pocos. Dos maneras de romper líneas enemigas.
El cerrojo de Sergio Herrera y los goles de Budimir - Raúl García
Dejando de lado el temporadón de Sergio Herrera y el buen hacer general de centrales de gran fortaleza y juego aéreo como Boyomo, Catena o Herrando y un centro del campo de gran solidez con piezas de la talla del valenciano Torró y los canteranos Moncayola e Iker Muñoz. Eso sí, minimizando al máximo los pelotazos sin objetivo claro. Todos los caminos llevan a Budimir. Con permiso de otro delantero de garantías como es Raúl García de Haro. El croata ha marcado 8 goles en los últimos 9 encuentros y es todo un referente en el juego aéreo. Por su parte, el catalán es el máximo goleador copero (7 tantos en 4 partidos), además de alcanzar precisamente la pasada jornada ante el Real Madrid su quinto gol en LaLiga en poco más de 700 minutos. Osasuna no pierde cuando marca el espigado delantero (cuatro victorias y un empate).