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Un tesoro escondido durante 120 años en el Ensanche de A Coruña: "La devoción de sus hijos protegió esa primera equipación del Deportivo"

Un jersey, un sombrero y unas espinilleras antiguas, pero en apariencia comunes dan la bienvenida al visitante en la sala dorada, el núcleo del museo del Deportivo. Todo cobra otro valor, todo se eleva cuando el curioso blanquiazul se entera de que es la equipación que se puso el primer portero de la historia del club coruñés en su partido inaugural el 8 de diciembre de 1906. El milagro de un tesoro escondido durante 120 años en el Ensanche de A Coruña que solo se explica desde "la devoción de sus hijos" que la que "protegió esa equipación del Deportivo", asegura Salvador Fojón, nieto de aquel joven que se puso bajo palos en el Corralón de la Gaiteira hace doce décadas y responsable de una donación que le llena "orgullo" y le genera "mucha emoción", ya que "da gusto que le den esa importancia y un lugar tan central" en el refugio de la historia deportivista.

"Mi padre era una persona muy meticulosa y cuidadosa. Hacía todo con delicadeza y mimo". Salvador Fojón nieto da valor a la figura de su padre, ya fallecido, y lo considera como el máximo responsable de que esa pieza única haya sobrevivido más de un siglo. Ya no tiene el escudo del Club Deportivo de la Sala Calvet y encogió algo por el paso por la lavadora, pero en las fotos de la época se puede cotejar que era la misma. No tuvo otra, mientras se puso aquellos años bajo palos. El primer portero del Deportivo solo estuvo tres años defendiendo la portería del club coruñés y se tuvo que retirar o, más bien, dejar esa especie de hobbie, porque un balonazo en un ojo le dejó la vista tocada. Falleció "relativamente joven, con 60 años" y desde entonces la familia se volcó en "protegerla". El cuidado que puso en esa preservación, también de todo el material administrativo que dejó el portero que hacía entonces también labores de tesorero y administrativo, lo entendía Fojón hijo como una manera de conectar con su padre, de acercarse a él y a su historia, también a la de esos jóvenes inquietos de la Sala Calvet.

Aún hay trabajo por hacer

"Aún sigo impresionado porque era un grupo de jóvenes inquieto, sensible y culto que estuvo en la gestación de muchas sociedades, no solo del Deportivo, también de Cántigas da Terra, por ejemplo. Cantidad de iniciativas e ideas. Me parece que también era una forma de construir ciudad", cuenta Salvador Fojón nieto de aquellos amigos que impulsaron el nacimiento y el despegue del club coruñés en sus primeros años. Su familia estuvo especialmente implicada, porque, además de la preservación de esa equipación, regentaba un colmado (ultramarinos dedicado, ante todo, al grano) en la calle San Andrés, 53, donde se estableció la improvisada "sede social" de la entidad en sus primeros años que tenía su centro deportivo a unos metros, en la sala Calvet, y también en el Corralón de la Gaiteira y en el viejo Parque de Riazor, inaugurado en 1909. Ese hilo invisible que ha unido a la familia Fojón con el Deportivo pasará a la tercera generación porque Salvador Fojón nieto está dispuesto a seguir con la labor de su padre de documentación de todo el material que aún conserva la familia en casa y que puede acabar redundando en beneficio del propio Deportivo. "Mi padre se pasó mucho tiempo abriendo las carpetas que dejó mi abuelo y leyendo y entendiendo todo ese contenido. Me dejo mucho trabajo para seguir con todo ello", avanza animoso y decidido a entregarse a la labor para que la llama siga viva.

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