Fernando Tejero es un actor que nos ha dejado varios de los mejores personajes de comedia que ha visto el entretenimiento español. Con el icónico 'Emilio' de 'Aquí no hay quien viva' como principal estandarte, el actor ha querido recordar ahora su pasado más vulnerable.
Fernando Tejero y el origen de su voz ronca
Si por algo se caracteriza a Fernando, es por contar con una distintiva voz ronca, 'sabinera' tal y como la describe él mismo. Pero resulta que detrás de un elemento tan característico de su persona se encuentra en realidad una serie de decisiones dolorosas que radican en su infancia.
"Me quité la pluma porque quería ser un macho" es una frase que resume bastante bien lo que fue el pasado de Fernando Tejero. Y es que de joven, específicamente durante la infancia y la adolescencia, fue objeto de bullying tanto por su forma de expresarse como su sexualidad.
Esto derivó en que Fernando Tejero acabara forzando su voz para proyectarla como más grave, todo con el objetivo de evitar ese acoso constante. Eso fue algo que con el tiempo le acabó provocando problemas en sus cuerdas vocales.
El actor detalla que ese esfuerzo causó que surgieran nódulos en sus cuerdas vocales, lo que acabó cambiando su voz hasta hacer que se transformara en esa expresión ronca que conocemos a día de hoy. Seguramente un recuerdo incómodo para Fernando.
Lo cierto es que nunca ha habido un momento en concreto en el que Fernando Tejero haya expresado como tal su sexualidad, sino que desde hace décadas se trata de algo que ha hablado con la naturalidad que ello requiere.
La reflexión reciente del actor no es por lo tanto una forma de potenciar una cualidad sobre su persona ya más que conocida, sino de mostrar cómo antaño el hecho de ser uno mismo no era algo tan viable como en la actualidad.
Definitivamente, esta historia de Fernando Tejero es de esas que no gusta escuchar. Sin embargo, al mismo tiempo sirve como recordatorio de todo lo que hemos avanzado en calidad de sociedad, y de cómo es necesario proteger las libertades obtenidas a través de décadas de esfuerzo.