En el minuto 71, cuando el partido ya entraba en terreno de resistencia, llegó otro contratiempo para el Barça. Balde, que había entrado en el 13’ por el lesionado Koundé, tuvo que retirarse también con molestias. Flick activó a Araujo y preparaba además la entrada de Casadó por Pedri. El técnico miró al canario y le preguntó si estaba para seguir. La respuesta fue inmediata: sí.
No era una noche cualquiera para Pedri. Había reaparecido con 25 minutos ante el Levante y disputado poco más de media hora frente al Villarreal. Era su primera titularidad tras la lesión. Aun así, pese a que ya se le intuía más fatigado, pidió continuar. Se sentía bien. Y en un Barça obligado a rozar la épica, sin margen de error y necesitado de control y claridad, su figura era demasiado importante como para renunciar a ella. Sin Pedri, este equipo no es el mismo.
El contexto también empujó a asumir el riesgo. Flick ya había condicionado su gestión por las lesiones de Koundé y Balde, consumiendo dos ventanas de cambio. Entre medias, dio entrada a Rashford y Olmo por Fermín y Ferran, agotando prácticamente sus opciones. Así que Pedri se quedará sobre el césped hasta el final de los 90 minutos. Solo en caso de prórroga el Barça dispondría de una sustitución adicional. Y el canario, por ahora, ha decidido jugar contra el reloj… y contra su propio cuerpo