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Dori Ruano, la ciclista que pedaleó contra las injusticias: "Pensaba que mis victorias cambiarían el sistema"

Dori Ruano (Villamayor de Armuña, Salamanca, 1969) lidió con la difícil papeleta de ser una de las encargadas de dar las primeras pedaladas en el ciclismo femenino. La salmantina atesoró innumerables logros a lo largo de su carrera, destacando sus ocho campeonatos nacionales y el maillot arcoíris en puntuación conseguido en 1998, pero su impacto en la disciplina trasciende a lo meramente deportivo. Una historia de superación y de lucha contra las desigualdades de la que hemos podido conocer detalles hasta ahora ocultos gracias al libro Dori Ruano: La vida como deporte de fondo (Libros de Ruta), de Jorge Matesanz.

P: Gracias por atendernos, Dori. El libro empieza con una pregunta que te formuló tu madre: "¿No te cansas de luchar?". ¿Esta frase estuvo muy presente a lo largo de tu carrera?

Mi madre es la principal protagonista de mi vida. Yo monto en bici desde casi los 3 años, pero comienzo a competir con 18 años, en el 87. En aquella época no era habitual que una chica le dijera a su madre que quería ser deportista, y menos en ciclismo, que se veía como un deporte muy masculino. Sin embargo, ella siempre me apoyó. Me dijo que, si era lo que me gustaba, no había problema, pero que tenía que costearme todo. Y el ciclismo de entonces, aunque hoy ha evolucionado mucho, no era un mundo que diera facilidades a las mujeres.

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Dori Ruano muestra una fotografía con su madre
Libros de Ruta
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P: ¿Qué te llevó a iniciarte en el ciclismo, un deporte en el que por aquel entonces no parecía haber hueco para las mujeres?

La bicicleta formaba parte de mi vida: donde iba yo, iba mi bici. Vivía en un pueblo pequeño y desde que aprendí a montar no me bajaba de la bicicleta, pero a nivel profesional empecé por una mezcla de casualidad, azar y suerte.

En Salamanca, dos chicas buscaban al menos otras dos para hacer un equipo femenino. Ya había un equipo masculino y ellas pidieron ayuda al patrocinador, pero él les dijo que necesitaban formar un equipo de cuatro o cinco. Fueron por los pueblos buscando niñas que montaran en bici… y ahí estaba yo.

"Salir de Villamayor y encontrarte en el otro continente compitiendo en un Mundial y con la posibilidad de ir a unos Juegos te obliga a cambiar la mentalidad"

P: Estos primeros pasos no tardaron a llevarte a un Mundial

No sé cómo explicarlo, porque todo fue muy precipitado. Mi primera licencia llega en el 87-88 y en el 89 ya me convocan al primer Mundial, en Chambéry. Al año siguiente a Japón, con vistas a preparar los Juegos Olímpicos de Barcelona 92... tenía que ir muy deprisa porque no asimilaba lo que me estaba sucediendo.

Salir de Villamayor y encontrarte en el otro continente compitiendo en un Mundial y con la posibilidad de ir a unos Juegos te obliga a cambiar la mentalidad. Yo ya era competitiva, pero ahí tienes que dar un pasito más.

P: Luego llega el momento de la cita olímpica en Barcelona.

Solo estar ahí ya era más que un sueño… hasta que me vi inmersa en una caída que lo marcó todo. Mi cabeza no estaba preparada para ese momento, y casi fui incapaz de levantarme. Cuando me levanto, la cadena estaba fuera y, en vez de ponerla yo misma, me quedo esperando a que venga el coche. Para entonces, el pelotón ya se había ido.

Termino los Juegos, sí, pero con mal sabor de boca, pues no fui capaz de digerir esa caída. Al día siguiente, cabreada, me vuelvo a Salamanca en vez de quedarme en la Villa Olímpica.

P: Ahora eres capaz de poner en valor lo que supone estar en esos Juegos, pero en el momento la sensación fue muy diferente… aquí llegó un punto de inflexión que estuvo a punto de llevarte a dejarlo todo.

Pues sí. Cuando nos clasificamos para los Juegos del 92 entrenamos tanto que, para mí, los Juegos representaban conseguir un buen resultado. Por eso lo viví como una frustración que me llevó a querer dejarlo todo con 22 años. Ahora, visto desde la lejanía, piensas: “fíjate qué mentalidad”.

Luego llegas a casa, ves los Juegos y te das cuenta de lo importante que es para un deportista el mero hecho de estar allí. Pero aquí surge un nuevo punto de inflexión en el que me doy cuenta de que había abandonado mis estudios. Decido seguir mi formación y en el 93 dejo la bicicleta para reflexionar y estudiar, pero a partir del 95 vuelvo a comenzar un nuevo ciclo.

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Dori Ruano celebra la victoria en un campeonato de España
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P: Hablamos de un parón de dos años... ¿Cómo se puede volver a competir después de un parón tan prolongado?

Realmente nunca dejo de hacer deporte, mi vida siempre ha sido el movimiento. En Magisterio de Educación Física, como todos mis compañeros eran deportistas, entrenábamos continuamente. Digamos que dejé el ciclismo, pero no desconecté del deporte.

A mitad de la carrera, mis compañeros me decían: “¿por qué has dejado la bicicleta?”. Ahí empecé a pensar y, en 1995, me presento al Campeonato de España contrarreloj en Segovia. Lo gané y dije: “venga, me vuelvo a dedicar en cuerpo y alma a la bicicleta”.

P: Uno de los capítulos del libro revela muchos detalles de lo sucedido en Colombia, un Mundial muy recordado a nivel nacional...

Todo el mundo sabe que en Colombia se nos dio muy bien a los españoles, pero el libro cuenta la intrahistoria del ciclismo femenino, muy bien narrada por Jorge Matesanz. En Colombia estuvimos un mes fuera de casa. Los chicos tenían una dieta por ese mes de 300.000 pesetas, unos 1.800 euros de los de ahora, y yo pensé: “bueno, si ellos la tienen, nosotras también”. Pero el seleccionador nos dijo que eso solo era para los chicos, y que nosotras, si queríamos ir al Mundial, que viniéramos; y si no, que nos quedáramos en casa. El libro recoge muchas anécdotas de este tipo. Muchas injusticias y desigualdades.

En aquella época, para la Federación y la sociedad era como: “venga, a las chicas las llevamos a Colombia como un poco de relleno”. También nos pasó en Japón, porque en el año 90 un famoso director deportivo del ciclismo masculino me dijo que: “os han traído de turistas”

P: En el libro se afirma que gran parte del equipo femenino había normalizado el hecho de no recibir ayudas, pensando incluso que no las merecía.

En aquella época estaba muy normalizado. La sociedad nos hacía entender que llevarnos a Colombia ya era un premio. Yo no entendía nada, porque para mí Colombia significaba Mundial, y competir era Colombia como podía haber sido Madrid o Barcelona.

Para la Federación y la sociedad, en cambio, era como “venga, a las chicas las llevamos a Colombia como un poco de relleno”. También nos pasó en Japón, porque en el año 90 un famoso director deportivo me dijo que: “os han traído de turistas”. Este tipo de frases eran un continuo, y a mí me dolían mucho porque yo entrenaba como un chico, me cuidaba, quería ganar.

Escuchar por parte de la Federación y dirigentes todo ese tipo de frases me parecía muy injusto, pero mis compañeras lo tenían normalizado. Era como: “está bien, vamos a Colombia, pasamos un mes y ya está”. Pero mi mentalidad era otra. Yo quería ganar.

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Dori Ruano, campeona del mundo en 1998
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P: Años después de Colombia, en 2003, se produce otra anécdota muy comentada: la de los filetes empanados y los chuletones. Ya eran inicios de los 2000, pero todo seguía igual.

Seguía igual, sí. Yo ya había sido subcampeona del mundo en el 97 y campeona en el 98, y pensaba que mis victorias cambiarían el sistema. Que la Federación se daría cuenta de que yo no estaba ahí para ser una turista. Me decía: “ahora que he ganado, ahora que tengo medallas, me van a tratar como a los chicos”. Pero en 2003, en Hamilton, más de lo mismo.

Joane Somarriba y yo íbamos a disputar el Mundial. De hecho, Joane era campeona del mundo. Estábamos en el comedor, y de repente veo que a los chicos les traían un chuletón, pero lo que llega a nuestra mesa es un filete empanado. Y claro, yo me reboté, porque pensé: “si tenemos un cocinero que viene con la delegación española, cocinará para chicos y chicas”. En cambio, nuestra comida era la del hotel, mientras que los chicos comían lo que el cocinero había traído de España para ellos.

P: Por suerte se ha recorrido mucho camino desde que tú empezaste.

La París-Roubaix y el Tour Femenino marcaron un punto de inflexión, pero todavía queda mucho camino por recorrer en todos los niveles. Sobre todo hace falta base: no solo pensar en la cima, sino en escuelas, cadetes y juveniles. El trabajo está abajo, fomentando la base desde los 14-15 hasta los 18-20 años.

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