Los abuelos nos enseñaron que uno jamás debe decir «de esta agua no beberé». Probablemente algunos, por sus experiencias, nos cuidaban para que no reincidiéramos en errores cometidos por su generación o, en todo caso, evitar ese pecado capital llamado soberbia. Pero, al parecer, Floyd Mayweather o no tuvo muchas conversaciones con sus abuelos o el ego le llegó a la estratósfera, porque al muy bien apodado Money –dinero en el idioma inglés– no le hace falta regresar a un cuadrilátero en el umbral de los 50 años. Cabe destacar que, a lo largo de su trayectoria profesional y sus peleas de exhibición, se estima que ha generado más de 1.200 millones de dólares en ingresos brutos, una monstruosidad realmente. No obstante, el reciente anuncio de la revancha entre Floyd y Manny Pacquiao, programada para el 19 de septiembre de 2026 en The Sphere -La Esfera- (en Las Vegas), ha generado una división absoluta en el mundo del boxeo, que al parecer no irá por el lado positivo.
A manera de burla, la crítica tituló este anuncio como «el regreso de los dinosaurios» o «un asilo sobre el ring». Floyd no solamente es el casi cincuentenario porque Pacman llegará a esa fecha con 47 añitos, casi 97 entre ambos, exagerado para un deporte tan exigente como el boxeo. Hace unos pocos años quién iba a pensar que esto sucedería así como así, porque en el pasado se perdonaba a aquel «púgil glorioso que salió de su retiro» para, en algunos casos, darle vida al espectáculo, ganar títulos y dinero y no regresar a la miseria de donde, invariablemente, salió como una víctima social.
Ahora bien, ¿y el morbo cómo quedaría aquí? Nos referimos a ese ingrediente psicológico y emocional que atrae a la audiencia no tanto por la técnica deportiva, sino por lo que puede suceder más allá. Un ejemplo ha sido Mike Tyson. Cuando era campeón, sus peleas no duraban 6 minutos y el público pagaba por ver en cuál minuto iba a noquear. No importaba el nombre del rival; era invencible. En el caso de la Floyd-Pacman II, ni la calidad ni la competitividad están en juego. Ambos no serán ni la sombra de lo que fueron en el pasado. Sin embargo, Netflix, el cerebro detrás del evento, anda buscando otra cosa desde hace meses. Envolver a su joven audiencia en su plataforma, sea como sea. Tema de debate.
De hecho, Netflix tuvo en la Tyson vs. Jake Paul una gran audiencia y dinero, pero el espectáculo fue un desastre. Hasta el ex-Iron Man salió en una entrevista en los camerinos en ruta al ring, enseñando parte de su trasero, en total falta de seriedad. Afortunadamente, Anthony Joshua se encargó ante el mismo Paul de sincerar las cosas y lo mandó al hospital con fractura de mandíbula.
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